
La ansiedad es una respuesta natural y común en la mayoría de personas, que se activa automáticamente frente a determinados estímulos internos (como pueden ser pensamientos, imágenes, ideas) que nos preocupan, o cuando percibimos estímulos externos (como determinadas situaciones, objetos, personas, animales, etc.), que anticipamos que pueden suponer un peligro. La ansiedad constituye una función adaptativa beneficiosa, ya que puede ayudarnos a estar alerta y que nos activa para afrontar desafíos o situaciones amenazantes. La ansiedad es funcional, porque mediante la activación del organismo nos prepara para una respuesta más eficaz. Entre los síntomas de la ansiedad más comunes, cabe destacar un incremento de la vigilancia, de la tensión muscular y síntomas autonómicos como son sudoración, palpitaciones, molestias digestivas, sensación de falta de aire o de presión en el pecho.
Un ejemplo de ansiedad adaptativa puede ser el de una persona cruzando un paso de peatones, que repentinamente observa como un conductor distraído se aproxima hacia ella. En esta situación, la ansiedad actuaría activando la respiración, incrementando la frecuencia cardíaca para mejorar la afluencia de sangre a los músculos e incrementaría la tensión muscular para mejorar la respuesta frente al peligro. Estos cambios harían posible que la persona respondiera más rápidamente y evitara el atropello.
Como hemos visto, la ansiedad es una experiencia funcional. Sin embargo, cuando es excesiva, persistente y desproporcionada en relación con la situación, puede convertirse en un trastorno de ansiedad. Algunos de los trastornos de ansiedad más habituales, son el trastorno de pánico, la agorafobia, la ansiedad generalizada, la fobia social, las fobias específicas o la ansiedad por separación, entre otras.
La terapia cognitivo-conductual (TCC), es uno de los enfoques terapéuticos más efectivos para tratar la ansiedad. Mediante la terapia cognitiva, ayuda a las personas a identificar y cambiar patrones de pensamiento que contribuyen a mantener la ansiedad. Los terapeutas de TCC trabajan con los pacientes para desarrollar habilidades de afrontamiento y estrategias para enfrentar situaciones ansiosas. Por otra parte, a nivel conductual, la terapia de exposición se utiliza en un gran número de trastornos como el trastorno de ansiedad social, las fobias específicas, el trastorno de pánico, la agorafobia y el trastorno de estrés postraumático, entre otros. Esta técnica implica exponer gradualmente a la persona a las situaciones que desencadenan la ansiedad, para fomentar la habituación al estímulo que produce la respuesta de ansiedad, con el objetivo de descondicionar el estímulo que la causa y extinguir la respuesta de ansiedad.
La práctica regular de técnicas de relajación, como la respiración profunda, la relajación muscular progresiva o la visualización, también puede ayudar a reducir la ansiedad.
En algunos casos, los médicos pueden recetar medicamentos para tratar la ansiedad. El tratamiento farmacológico puede incluir antidepresivos, benzodiazepinas u otros psicofármacos específicos para el tratamiento de este tipo de trastornos.