
La depresión mayor es un trastorno frecuente que se caracteriza por un estado de ánimo deprimido, tristeza y sentimientos de desesperanza o vacío. La persona afectada a menudo manifiesta apatía y una falta de interés por actividades que anteriormente le resultaban gratificantes. La depresión es un trastorno que no es exclusivo de los adultos, ya que también se puede producir en los más pequeños, los que ocasionalmente también la expresan mediante irritabilidad.
Otros síntomas de la depresión pueden ser la pérdida o el incremento del peso o del apetito. La persona afectada puede presentar insomnio o la necesidad de dormir más de la que solía hacerlo y costarle levantarse por la mañana. Ocasionalmente, la persona puede sentirse agitada, cansada o con falta de energía. Los sentimientos de culpa inapropiada o de inutilidad también son característicos de la depresión, así como la dificultad para tomar decisiones o para concentrarse en diferentes actividades como leer, seguir una conversación o el argumento de una película. También pueden presentarse pensamientos relacionados con la muerte o ideación en relación al suicidio.
Para diagnosticar el trastorno, los síntomas deben suponer un cambio respecto a la forma previa de funcionar de la persona y presentarse durante un período mínimo de dos semanas. El trastorno generalmente produce un malestar importante o interfiere en diferentes ámbitos fundamentales para la persona, al afectar el rendimiento en el trabajo o en la escuela, las relaciones sociales, familiares o el cuidado personal.
La depresión exógena o también denominada reactiva, es causada por acontecimientos estresantes o por vivencias negativas que son significativas para la persona, como puede ser el advenimiento de una enfermedad, perder un trabajo o el duelo por la pérdida de un ser querido. También puede ser endógena, cuando los síntomas están desencadenados por causas genéticas u orgánicas como puede ser anemia, hipertiroidismo o alteraciones hormonales, entre otros. Por este motivo es fundamental realizar un diagnóstico diferencial que contribuya a clarificar su naturaleza, con el objetivo de determinar el tratamiento más indicado. En diferentes estudios se ha demostrado la disminución en los espacios interneuronales de un neurotransmisor implicado en el estado de ánimo de las personas afectadas: la serotonina. También se ha demostrado la regulación a la baja de los receptores serotoninérgicos asociados a esta.
Una vez descartadas las causas orgánicas, desde la psicología consideramos la hipótesis conductual de la depresión, que postula que la disminución de las actividades produciría una reducción de los reforzantes. Desde el enfoque cognitivo conductual disponemos de técnicas con evidencia científica que han demostrado su eficacia. Entre ellas se encuentra la reactivación conductual, que está dirigida a restaurar la actividad previa de la persona de forma progresiva para recuperar los reforzantes naturales y mejorar el estado de ánimo. En segundo lugar, la hipótesis cognitiva considera los pensamientos como determinantes de las emociones y de la conducta. El tratamiento psicológico se fundamenta en técnicas como la activación conductual o la reestructuración cognitiva, para enseñar a la persona patrones de pensamiento más adaptativos para abordar posteriormente los esquemas nucleares con el objeto de procurar cambios duraderos.